¿Qué es para usted ser francés?

Sarkozy ha iniciado una campaña de la francesidad, la galicidad, el hecho diferencial de ser francés; aunque en principio dice que es para desmarcarse de la ultraderecha, como si ellos se empeñaran en ser los únicos representantes de la patria, puede haber algún uso perverso para redactar una especie de contrato para inmigrantes, solemnizar el proceso de nacionalización (conozco gente que se hizo española y esperaba un pledge of allegiance a la manera de los EEUU) o hacer una especie de test para los que se quieran nacionalizar, como en UK (o como los propios gringos, si hemos de creer lo que aparece en Los Soprano). Estuve viendo el cuestionario al que se podía acceder, y, leyéndolo, como la afrancesada que soy, me ha invadido un furor envidioso. ¡Tienen tantos motivos para fardar! A ellos les debemos chuminadas como la ilustración, el estado moderno posrevolucionario, la nouvelle cuisine, la chanson…Es en este documento donde habla de la conveniencia de someter a los extranjeros a algún tipo de contrato, tanto para vivir ahí como para nacionalizarse; de la conveniencia de que la escolarización esté dentro de los valores de la república, por ejemplo; me parece un poco redundante, se supone que la república controla los centros educativos, ¿no? Lo de hablar francés como medida de integración es un poco chorra: si no hablas francés puedes tener ciertos problemillas de integración sin que te tengas que someter a un papel (en España, cosa curiosa, pasa lo mismo con el español, salvo ciertas zonas de Mallorca o la Costa del Sol). Claro que yo soy un poco descreída de las patrias y lo que representan (será porque tengo dos, y lo que no me gusta de una lo tengo en la otra), y aunque me parece un ejercicio curioso, no deja de albergar un afán controlador.

Os dejo que veáis lo que responden los franceses de lo que es ser francés; en lo tocante a lo español, yo creo que no hay nada tan representativo como una tortilla de patatas y que haya verdaderos debates sobre si lleva cebolla o no, cómo tiene que ir la patata cortada y qué tan cuajado tiene que ir el huevo. En lo que a mí respecta, con cebolla, patata finamente cortada y huevo poco hecho. Y, no es por nada, en su tremenda simplicidad, por ahí fuera no la saben hacer igual…

Descifrando el Lineal B

Cuando hablé de Turing la primera vez, contaba que descifró el código secreto de los nazis gracias a la máquina Enigma; es lógico pensar que no estaba solo ante el peligro y que no era el único criptógrafo que trabajaba para la Gran Bretaña: el personaje del que voy a hablar hoy también trabajó en decodificación en la segunda guerra mundial, pero su vida no acabó con la guerra, y su aportación a la humanidad fue más allá.

A principios del XX, el arqueólogo británico Arthur Evans descubrió el palacio de Knossos, en Creta; parte del hallazgo lo constituían tres testimonios escritos: el disco de Ferso (de 16 centímetros, con escritura jeroglífica en espiral), una piedra escrita aún no decodificada que dio en llamar Lineal A y una segunda piedra que llamó Lineal B. En vida de Evans, ninguno de los tres testimonios fue descifrado. Como curiosidad, en 1911 nombraron a Evans Lord Minos de Creta por sus aportaciones a la arqueología. Se dice que murió de pena en 1941 cuando le informaron (erróneamente) de que los nazis habían bombardeado el palacio de Knossos.

Michael Ventris era un arquitecto británico que durante la guerra trabajó de criptógrafo, como he anticipado antes. Como Schliemann (descubridor de Troya y Micenas), era muy aficionado a la cultura grecolatina clásica, y desde que Evans dio sus primeras charlas sobre el Lineal A y el Lineal B, se obsesionó con el tema y dedicó tiempo y dinero a su magna afición. En principio se le ocurrió que las tablas podían estar escritas en etrusco, pero lo descartó, y empezó a probar el griego clásico, haciendo su primera publicación en 1952; más tarde, con John Chadwick, especialista en lenguas clásicas, terminó de descifrarlo, y, tras derribar varios muros de escepticismo, hoy se sabe que el Lineal B no sólo se usó en Creta, sino también en Micenas, y constituyen una escritura silábica en griego antiguo. Ventris_webpic
Michael Ventris, helenista de vocación

A veces seguir nuestros sueños, por atípicos y raros que parezcan, nos dan un sitio en la historia; debió de ser tan emocionante para el señor Ventris descifrar el Lineal B como para Champollion la piedra Rosetta unos ciento cincuenta años antes. En esta era de conocimiento especializado, por otra parte, es una delicia conocer historias así…

Ágora, intolerancia vs razón

Ayer estuve viendo Ágora. No voy a hacer crítica cinematográfica (aunque algún espoiler se me puede escapar, por lo que cuidadín), porque para eso tengo un blog abandonado al respecto, más bien hablo al hilo de lo que la turba está condenando en esta película sin haberla visto, y dándole con ello la razón a Amenábar. Porque de lo que trata esta peli es de la razón frente a la intolerancia y el fanatismo religioso. Aunque algunos la cataloguen de peplum, es un tema de perfecta actualidad: la filosofía (y, en tanto que amor a la sabiduría, la ciencia) frente a la barbarie. Aunque ha mejorado la tecnología armamentística, sigue habiendo gente fanática que se opone a otra gente fanática, porque dos fanáticos no pueden coexistir en tiempo y espacio si son de equipos distintos. Así, el ágora, territorio de parlamento entre filósofos y ciudadanos, se convierte en campo de batalla entre fundamentalistas de uno y otro signo. Se proscribe la ciencia (máxime si la hace una mujer, lo de las mujeres sabias y poderosas se lleva mal) porque contradice lo que otro escribió en nombre de su dios, ya sea matando al mensajero (el científico) o criticando los experimentos que se hacen (CERN, células madre), por intentar alterar el Plan Divino. Si en vez de cristianos de Alejandría se trasladara a Arabia en tiempos del Profeta, muchos se habrían metido sus feroces críticas por la cavidad anal y hubieran corrido a verla, pero su tremenda incapacidad para la inferencia les impide ver una película bastante entretenida, bien actuada, bien realizada (bueno, un poco de crítica sí que hago), y con ello le dan la razón a Amenábar: el fanatismo, particularmente el religioso, es enemigo feroz del raciocinio.

La bestia sudorosa

Si tuviera que destacar un inconveniente de ir a un gimnasio, es que hay gente que lo considera una prolongación de su casa; así, algunos se apalancan en un aparato (como en esta entrada de abril), y le da igual que todos los clientes y usuarios necesitemos tal o cual máquina.

Lo de hay ha sido flipante: he llegado a la máquina de abdominales; ha coincidido que el Barbas se ha puesto en la de al lado, para la espalda; donde yo quería ejercitar mi tripita había colocado un cachitas sudoroso en agradable tertulia con uno que creo hacía pectorales. Acto seguido, se ha levantado, dejando su toalla y su campamento en la máquina de abdominales; yo pensé que volvería rápido, pero no se ha secado la bolsa escrotal para tardar más de milagro. Ha vuelto a la máquina de abdominales y se ha vuelto a sentar. Yo, paciente como pocas veces, he supuesto que volvería a usar la máquina, pero no: ha ecualizado su mp3, cucamente instalado en su bíceps, y se ha puesto a mirarse las uñas. Tal cual. El Barbas y yo hemos flipado con eso; yo había notado que miraba al suelo para no darme explicaciones, y he cruzado las piernas para ver si notaba mi impaciencia, pero no he tenido éxito. Pero lo de las uñas me ha cabreado, y he pensado si no tiene vergüenza para quitarse, yo no la tengo para callarme.

Inciso: cuando estuve en París en julio en casa de mi primo Ignacio, me estuvo explicando las diferencias entre franceses y españoles; una, bastante llamativa, es la manera de dar órdenes de unos y otros: en España se estila una forma más directa: quita, copón, y formas análogas; con los mismos ingredientes, un francés sería mucho más perifrástico: en el nombre del Santo Grial, ¿sería posible que efectuaras un desplazamiento horizontal y vertical? Fin del inciso.

He considerado que la situación requería cierta delicadeza y diplomacia, en lo que no me considero perita; decidí usar pericias de nuestros vecinos, y le formulé la pregunta finamente, a la francesa: ¿te importa que utilice esta máquina? No sé si en un tratado de buenas maneras de Francia me ha quedado demasiado español y directo, pero efectivo sí ha sido: el cachas sudoroso vestido de verde se ha despegado, he hecho 60 abdominales en tres series de 20 (10, 15 y 10 kilos) y me he ido a otra máquina, considerando seriamente adoptar para lo sucesivo esta línea expresiva, debidamente pulida: mucho más efectiva que las órdenes malsonantes, en vez de sentirte mal con tu rudeza consigues que el otro se sienta culpable con su descortesía. Vraiment magnifique!

La ciencia en España no necesita tijeras

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Me sumo a la iniciativa de La aldea irreductible para cibergritar contra el recorte de fondos para la investigación científica en España. Y mi motivo para no restringir el presupuesto científico es la comodidad: gracias a la ciencia, vivimos más cómodos: somos usuarios de internet gracias a ARPA y CERN (y a Ada Lovelace, la primera mujer analista); moriríamos por septicemia a la primera de cambio si Semmelweis no hubiera perseguido sus hipótesis hasta confirmarlas o desmentirlas; sin Doppler no nos podríamos hacer resonancias para la detección de enfermedades; no existirían las vacunas, por lo que seríamos más vulnerables a enfermedades hoy casi erradicadas; no tendríamos microondas ni sartenes de teflón, aplicaciones domésticas de descubrimientos de altos vuelos; no podríamos viajar en avión y no nos recogerían en coche a la llegada. Porque los científicos trabajan en cosas que parecen no tener que ver con nada, pero que a veces tienen consecuencias positivas en nuestras vidas a corto, medio o largo plazo, ya que, como dijo Pasteur, no hay ciencias aplicadas, sino aplicaciones de la ciencia. Por una vida más cómoda, El horno de Su dice no al recorte del presupuesto en ciencia española.

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