Sarkozy ha iniciado una campaña de la francesidad, la galicidad, el hecho diferencial de ser francés; aunque en principio dice que es para desmarcarse de la ultraderecha, como si ellos se empeñaran en ser los únicos representantes de la patria, puede haber algún uso perverso para redactar una especie de contrato para inmigrantes, solemnizar el proceso de nacionalización (conozco gente que se hizo española y esperaba un pledge of allegiance a la manera de los EEUU) o hacer una especie de test para los que se quieran nacionalizar, como en UK (o como los propios gringos, si hemos de creer lo que aparece en Los Soprano). Estuve viendo el cuestionario al que se podía acceder, y, leyéndolo, como la afrancesada que soy, me ha invadido un furor envidioso. ¡Tienen tantos motivos para fardar! A ellos les debemos chuminadas como la ilustración, el estado moderno posrevolucionario, la nouvelle cuisine, la chanson…Es en este documento donde habla de la conveniencia de someter a los extranjeros a algún tipo de contrato, tanto para vivir ahí como para nacionalizarse; de la conveniencia de que la escolarización esté dentro de los valores de la república, por ejemplo; me parece un poco redundante, se supone que la república controla los centros educativos, ¿no? Lo de hablar francés como medida de integración es un poco chorra: si no hablas francés puedes tener ciertos problemillas de integración sin que te tengas que someter a un papel (en España, cosa curiosa, pasa lo mismo con el español, salvo ciertas zonas de Mallorca o la Costa del Sol). Claro que yo soy un poco descreída de las patrias y lo que representan (será porque tengo dos, y lo que no me gusta de una lo tengo en la otra), y aunque me parece un ejercicio curioso, no deja de albergar un afán controlador.
Os dejo que veáis lo que responden los franceses de lo que es ser francés; en lo tocante a lo español, yo creo que no hay nada tan representativo como una tortilla de patatas y que haya verdaderos debates sobre si lleva cebolla o no, cómo tiene que ir la patata cortada y qué tan cuajado tiene que ir el huevo. En lo que a mí respecta, con cebolla, patata finamente cortada y huevo poco hecho. Y, no es por nada, en su tremenda simplicidad, por ahí fuera no la saben hacer igual…