Polanski

Cuando un famoso comete un delito, al público le entran dudas: ¿cómo va a ser verdad, con las pelis tan buenas que hace, lo bien que baila, o lo bien que imita a Perico de los Palotes? En ocasiones, al sistema judicial le entra una indulgencia muy dañina, y así Farruquito está en la calle, para horror de la viuda del hombre que atropelló y de muchos ciudadanos, entre los que me hallo. Así, cuando en 1977 Roman Polanski, director hoy francés de origen polaco, violó a una niña de 13 años en casa de Jack Nicholson, que se la había dejado sin saber lo que había, muchos dudaron de la víctima (lo que tampoco sorprende tanto en casos de violación) y de su madre, suponiendo que quería sacar dinero, o algo así. Por fin se disiparon las dudas, con un juez que quería lucirse (¡silencio! ¡Hay un famoso en la sala!); pero Polanski huyó a Europa antes de cumplir condena, y hasta hoy.

El sábado pasado llegó a Zurich a recibir un premio a su carrera de cineasta, y si se descuida, se lo lleva por su carrera de pederasta: fue detenido en virtud de la solicitud de extradición (en Francia no lo extraditan por ser ciudadano); está ahí, en una cárcel de Zurich, esperando que alguien lo suelte y no se haga efectiva la extradición. Como yo no soy leguleya, no sé explicar los fundamentos de derecho tan bien como este artículo; me he quedado con la idea de que un pacto civil no ha de interrumpir el curso de la justicia penal, ya que son independientes (razón por la que OJ Simpson tuvo que pagar una pasta por haber matado a su esposa en juicio civil, pero no fue a la cárcel, al ser declarado no culpable en el juicio penal); también está la idea de volver a victimizar a la víctima: ésta es, en realidad, la única razón por la que una duda si se debe reabrir el caso; porque la mujer dice que lo ha perdonado, acaso por no reabrir viejas heridas.

Por otro lado, el gremio ha mostrado un corporativismo, que me río yo de los colegios médicos que en el mundo son: que le dejen en paz, tal y pascual; como son directores que una admira, me ha entrado una tristeza decepcionada y un preguntarme a quién estoy admirando en realidad, que cadáver guardarán en su armario. Si hubiera sido un cura, se habrían lanzado tantos a su yugular, pero como es colega, ni tocarlo.

Una razón que pueden alegar a favor de Polanski es que ha sufrido mucho: sus padres estuvieron en un campo de concentración y su mujer, Sharon Tate, fue asesinada brutalmente por la familia Manson; el sufrimiento tampoco puede eximir de culpa, en mi humilde opinión: Primo Levi estuvo en Auschwitz, y no por ello se dedicó a violar a todos los niños de la guardería de su barrio, por ejemplo. El daño que se ha sufrido no es excusa para dañar a otros, se mire por donde se mire.

En suma: debería cumplir sentencia, por muy artista que sea (el talento es artístico, no moral, por lo que se ha visto) y por mucho que haya sufrido: mucha gente sufre, sin consecuencias para terceros. ¿Que hace buenas películas? Sí, las veremos con delectación con una sentencia en firme.

Hienas

Si el mundo fuera la sabana, en España vivirían las hienas. Las hienas van en manada, comen carroña (la carne que cazan otros, generalmente las leonas) y tienen un ladrido (que no sé si se llama ladrido) característico que, en un alarde de personificación, algunos identifican con la risa. Así, da igual que la carne muerta sea una niña habitual en las revistas del corazón o las hijas del presidente: hay para todos los gustos: hienas que se abalanzan y se ríen jacarandosas mientras se ceban en la carne muerta en papel de prensa o papel cuché, tanto da. ¿Por qué no miramos la riqueza de la sabana, el resto de bichos vivos que en ella habitan? ¿Por qué preferimos la carroña de los bichos ya despedazados? ¿Nos damos cuenta de cómo habla de nosotros esta actitud?

Un día de tantos

Después del resacón del último post, se me han quedado algunas neuronas inoperativas, y me ha costado volver a la tecla; hoy, sin embargo, vengo con algo más ligero.

En primer lugar, decir que soy una envidiosa: cuando leo a alguien cuya prosa me gusta, me dan ganas de ser tan ágil, aunque me parezca que yo uso mejor los signos de puntuación. Pero me he quedado pensando que me gusta la gente que escribe con ligereza, como si no le costara, y encima es divertida, bla bla bla. Mi autoestima a veces está escondida cuando leo, y me la juega.

Por aquí estamos esperando las notas de fonética y latín; hoy hace dos semanas que hice el de latín y el miércoles tres que hice el de fonética, y sigo sin noticias del claustro. Huelga decir que tengo el alma en vilo; y justo ahora me estoy acordando de las cagadas que hice y me pregunto si con eso bastará, o habrá más cagadas de las que no me acuerdo y que redunden en el pago de segunda matrícula (o tercera, en el caso de la fonética). Pongo mis desvelos en el feisbuk, y mi hermano Nano, que es un crack, me responde: ¡Pero coño! Lo que tenías que hacer ya lo hiciste, por mucho que te comas la cabeza, no vas a poder cambiar nada. Relájate y disfruta. Es una orden. Tiene razón, le he obedecido y me he pasado todo el finde jugando a los sims, leyendo de reojo la literatura latina, que es lectura obligatoria de “cultura grecolatina”, asignatura de segundo que pensaba coger, si algún día antes del 31 de octubre salen las putas notas. Ya tengo la mente en 2º, pero no sé qué parte de mi cuerpo, si es que hay alguna, está todavía en 1º. En fin de semana no salían notas, y con la semana empiezan los nervios.

En otro orden de cosas, el jueves se nos jodió, por tercera vez este verano, el lavaplatos. Después de diez años de uso y tres meses de averías, decidimos cortar por lo sano y comprar otro, a ser posible de la misma marca, AEG (por vida mía, no confundir con LG). Por la tarde, y con la hora un poco pegada al culo, porque a las 20.45 llegaba un primo mío a Sants, bajamos a Diagonal mar el viernes. Osadísimos por meternos en Diagonal mar un viernes tarde, aunque si hubiéramos ido el sábado, hubiera sido más de valientes, dada la turba que pasa ahí sus momentos de ocio en fin de semana. Para el caso: miramos en tres sitios: Media Markt, Miró y Alcampo; una vez allí, vemos con arrobo que está lo del plan renove de electrodomésticos de la generalitat, quizás hasta nos devuelvan un pingüe pellizco por comprar uno que ahorre energía. Pero empezamos a evaluar el percal, y los de Miró se suben a la parra cosa mala: cuesta 100€ más que en el Media Markt (al que tenemos cierto gato, todo hay que decirlo), y encima no lo tienen en stock, tardaría dos semanas en venir, igual hasta nos perdemos el plan renove. Nos lo vamos a pensar, y nos vamos al Media Markt. Que tampoco lo tiene en stock, pero tiene uno parecido, de la misma marca, que corta la entrada de agua si se te escoña, lo que es una ventaja; tampoco cuesta mucho más, y tampoco queremos estar sin lavaplatos más rato. Visto para sentencia: ahora, además de las notas, espero el lavaplatos.

En otro orden de cosas, he vuelto a hacer bondad, portarme bien y hacer régimen; lo cual no es incompatible con comer rico: paso luengos ratos buscando recetas nuevas, y aplicándolas; ayer, para más inri, sobre dos recetas que conocía hice un tercer plato: de unos galets rellenos de cocido y unos espaguetis con espinacas y gambas hice un híbrido e hice galets (conchas grandes de pasta) rellenos de espinacas y gambas. ¿La pega? Tienes que tener ganas de hacer trabajitos manuales, porque los galets no se rellenan solos. ¿La ventaja? Son más jugosos que los espaguetis con gambas y espinacas, están bastante buenos (claro que el ajo y la guindilla ayudan). Y lo mejor es que entra en dieta. Por lo cual, cuando me he subido a la báscula esta mañana, había bajado poco más de un quilo. Espero correr la misma suerte el lunes que viene y chocar esas cinco con la dietista, que vea que me esmero y me cunde de cojones. Amén.

Signo = significante + significado

Me he levantado semiótica esta mañana, como una Barthes de pacotilla, pensando en el signo lingüístico. Todavía no se me ha quitado el sabor a examen de la punta de los dedos. Tenía insomnio, después de soñar que sacaba un 3′5 en fonética, entre otras cosas (me sentía estafada). Mientras juego a Dios con los Sims y planeo feroces destinos para esa bola de ciberpendejos, se me cruzó una idea, como ya he dicho, semiótica: la lengua es un sistema de signos; en realidad, la música es otro sistema de signos, y cada signo está compuesto de un significante y un significado relacionados íntimamente: esto es, hay una notación musical (el pentagrama, las diferentes figuras) que, a ojos de un músico, hacen las veces de un significante (representación gráfica) y que al leerlo (más o menos rápido) tiene un significado, esto es, la música que sonaría si se tocara esa partitura en cuestión.

Roland Barthes, que era mucho más listo y erudito que yo, tuvo esa visión semiótica de casi todo (de hecho, escribió un libro llamado El imperio de los signos sobre su viaje a Japón desde una perspectiva semiótica): todo es un sistema de signos y hay que saber interpretarlo; estas ideas han tenido su calado en la teoría literaria, y de un tiempo a esta parte, surgen como setas nuevas interpretaciones a cual más oscura e incomprensible para quien no sea su autor. Así, con la misma soltura con la que yo me he lanzado a hacer mi símil musical, ellos se lanzan a una crítica feroz de la ciencia desde sus supuestos y sus prejuicios, y generalmente sabiendo poquito o nada de ciencia (como yo sé poquito de música, admitámoslo). La ciencia es un constructo. Y tan anchos se quedan. En algún lado del constructo yace el concepto saussureano del signo lingüístico, pero no creo que ya se acuerden del punto de partida, sólo de la llegada: algún honoris causa, vender libros enrevesados al peso y pasar a la historia como un sesudo filósofo.

No podemos pensar en la ciencia como una creación mental, dado que explica la realidad; podemos intentar imaginar que alguna mente oscura ha ideado la teoría de la gravitación universal, pero si tú sales por la ventana de un piso 52, la Tierra te atraerá y te caerás, y de camino al suelo podrás pensar que tal vez Newton no se inventó que la tierra nos atraía, como tampoco se inventó el nombre de gravedad, sino que lo tomó de Aristóteles. Lo mismo pasa con el virus del sida que mató a Foucault, por mucho que echara pestes de la medicina: la ciencia echa mano de los signos lingüísticos para explicar la realidad, pero ésta sigue siendo realidad, como lo era cuando no sabíamos por qué las cosas caían al suelo; algunos significantes prevalecen y otros no, como es el caso de las fluxiones de nuevo newtonianas: el significado prevaleció, pero el significante de Leibniz (la palabra diferencial) se impuso en el acervo común y el de Newton quedó en la anécdota (y en la historia de la justicia poética, porque Newton le estuvo haciendo la cama a Leibniz mucho tiempo para que no le pisara el terreno); el procedimiento para derivar una función sigue siendo el mismo, aunque Newton y Leibniz lo desarrollaran cada uno por su cuenta.

Éste es un paso más en la separación de la cultura de letras y la de ciencias: los de humanidades suelen estar convencidos de que sólo suya es la cultura, y el que no la conozca, al limbo del indocto de cabeza; por su parte, no sólo no se dignan conocer la cultura de ciencias, sino que elaboran constructos (esta vez sí, pura epistemología, pura construcción mental, por no llamarlo a veces onanismo) para minimizar el alcance de aquello que ignoramos a partir de ideas más que aceptables dentro del campo de las humanidades: no basta con ignorarla, no basta con despreciarla, ahora tenemos que desmontarla. No importan los conceptos, totalmente de letras, que vayamos dejando por el camino.

Alan Turing; 10 Downing Street; el día del queso gigante

Ya sabéis que hace unos años solicité la nacionalidad británica, dado que nací allí, y pensando en emigrar a mi otro país; al final, se me cruzó el Barbas por medio, e inmigré a Cataluña un año más tarde, esto es, hace ya un sexenio. Apenas he tenido ocasión de utilizar mi britanicidad: no he votado nunca, pero he usado el pasaporte tres veces: una para ir a Londres, otra para ir a Estados Unidos y una tercera cuando fui a México, porque se me caducó el español y me dio pereza ir a renovarlo (esto fue en diciembre y sigo sin renovarlo, vaya papo el mío). Vamos, que a grandes rasgos, sólo uso el pasaporte para fardar de que soy compatriota de los Beatles.

Hasta el lunes. Ya conté hace cuatro años la historia del matemático Alan Turing, que ayudó a descodificar los mensajes nazis durante la guerra, pero al que condenaron por su homosexualidad en 1952, y que terminó suicidándose. Durante cincuenta y siete años su historia se ha lamentado más o menos, pero algunos británicos (como Richard Dawkins, el que lanzó la moda de los autobuses ateos) han elevado una voz al primer ministro pidiendo se revise el caso y se haga una queja pública, que se puede ver en este enlace. Lamentablemente, sólo pueden firmar residentes en UK y británicos, residan o no; por fin he dado a mi britanicidad un sentido y una utilidad, vaya.

Como una es cotilla, me puse a ver qué tipo de solicitudes se le hacen al primer ministro; ¿habéis visto El ala oeste de la Casa Blanca? Algunos capítulos se refieren al día del queso gigante, en el que la Casa Blanca escucha las peticiones más peregrinas que imaginarse puedan; en el 10 de Downing Street pasa algo parecido; una se pregunta si ésas son cosas de anglosajones o aquí se hacen cosas parecidas; ahí van algunos ejemplos:

  • Change the law so as to give secondary schools the right to choose their own names and not councils (Cambiar la ley para que sean las escuelas secundarias las que eligen su nombre, en vez de un consejo). Muy democrático, pero un poco chorra; como a todos en masa les dé por poner Escuela secundaria David Beckham, se iban a reír…
  • Abolish all local by-laws prohibiting the keeping of hens in gardens (Abolir todas las prohibiciones locales para tener gallinas en tu jardín). Puede que sea una prohibición sanitaria, aunque antieconómica…
  • Bring back football to the masses (Devolver el fútbol a las masas). Éstas sí que son inquietudes culturales…
  • Change the law so that children under 10 should not be allowed to live in flats (Cambiar la ley para que no se permita que los niños menores de diez años vivan en un piso). Ésta me encanta. ¿A partir de los diez decrece la necesidad de espacio, o es al revés?

Al margen de que me temo que Gordon Brown tiene preocupaciones más gordas, es hermoso saber que puedes reclamar y pedir a tu primer ministro, aunque siempre habrá un compatriota, conciudadano o con-algo que piense que estés como una cabra, eres un tory redomado, te pasas de laborista o estás aburrido como una mona…

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