Una no sabe si regodearse o lamentar la serie de partidos políticos que se presentan a estas elecciones; no, no estoy hablando de la política patria -como no suelo hacerlo-, sino de los partidos de chichinabo que hay en Europa; después de la experiencia del chikilicuatre, si se presentara uno así a las elecciones, lo mismo ganaba:
- en Rumania se presenta Elena Basescu, hija de un político que a veces hace de modelo y se dedica a asistir a fiestas, una suerte de Paris Hilton versión Bucarest;
- en Italia se presenta la querida de Berlusconi, ésa que le llama Papi (no sé cuál de los dos da más grima, aunque algunos lectores pensarán que él, que ella no da precisamente grima), pero también se presenta el heredero de la corona de Italia (república italiana desde el fin de la II Guerra Mundial) Emanuel-Filiberto de Saboya, pero en nombre de la UDC.
- en Alemania, el “Partido de los electores libres”, representado por Gabrielle Pauli, diputada divorciada que preconiza el matrimonio de duración determinada (siete años renovables) y, al parecer, salió posando con unos guantes de látex; en oposición a la Gabi, el “Partido de los cristianos fieles a la Biblia”, que piden mayor presencia de Dios en la vida pública y privada y detestan a musulmanes y homosexuales (en esto último se parecen a muchos españoles, bien mirado);
- en Holanda, el “Partido por los animales”, para trabajar por los derechos de los animales, explotados por el hombre;
- en Suecia, el “Partido de los Piratas”, que piden que el estado no se inmiscuya en la esfera privada (parece ser que se dedican a esa actividad que tanto detesta Ramoncín, que es bajarse musiquita por internet);
- en Portugal se presenta por segunda vez José Saramago, comunista hormonal, pero no pinta que vaya a sacar muchos votos.
Debo confesar que de esta oferta, mi favorita es la alemana Gabrielle Pauli, sobre todo ahora que estoy de los políticos patrios hasta…