Cambio de régimen

Este blog no habla apenas de política, y no voy a empezar ahora, la verdad: la cosa va de dietas. Se supone que voy por la enésima de mi existencia, que estaba resultando inefectiva por demás. Establecí cuatro hipótesis, y parece que la de no estoy haciendo bien el régimen fue la correcta, aunque dolorosa, por lo que decidí, tras mucha insistencia del Barbas, contactar con profesionales.

Lo de la endocrina me daba un poco por saco, en parte porque es mitad alemana mitad catalana, esto es, un poco seca (los catalanes que lo lean, que culpen a su alemanidad), y tiendo a sentirme juzgada por las cosas que me dice, del tipo: has engordado diez quilos en un año (esto me lo dijo el año pasado, y me dio cien patadas, una tras otra), o casi eres obesa mórbida; tiene un puntito censor, la señora, y me cohíbe, pero como ella ha estudiado medicina y yo no, toca hacer tripas corazón; de todos modos, como esta vez iba preparada, he conseguido no sentirme tan atacada, y sólo me he sentido gorda.

Lo de la dietista es otra cosa. No sé cómo lo hace, pero no me siento juzgada ni presionada (¿será por eso que me venía saltando el régimen?), y aunque lo que me dice limita mi ingesta de cosas ricas (en sabor y en calorías, para qué engañarnos) me supone un compromiso con la dieta, y cuando la cago, no me castiga con censuras y críticas, sino que me motiva para que vuelva al redil de las ovejas buenas. Una joya, vamos.

Esta joya, a la que no veía hace muchos meses (por desidia mía, claro), me ha puesto una dieta nueva, de 1300 calorías (antes era de 1500); básicamente me ha quitado la fruta (que como no la comía, no noto la pérdida demasiado) y 100 gramos diarios de fécula; a cambio quiere que cada día desayune jamón magro con el pan y el café, y una piensa: collons: ya que me tengo que quitar delicias de otra indole, bien podría comer un jamón fetén para suplir otras carencias, ¿no?

No sé cómo ando de ánimo para empezar la nueva singladura dietética, aunque

  1. qué remedio me queda, máxime si cada consulta me cuesta 25 eurazos;
  2. qué remedio me queda, si de todos modos no comía cosas ricas en sabor y calorías y total, no bajaba ni a tiros…

En fin, las respuestas el jueves 14 de mayo…

En el gimnasio

Por motivos más o menos terapéuticos, estoy ¡por fin! complementando la dieta con ejercicio físico, y así, además de pagar el gimnasio, voy al menos dos veces por semana. Mientras estoy ahí con el MP3 -por cierto, tengo que cambiarle la pila-, veo y pienso, si el ejercicio no me mata y ahoga en sudor, claro. Mientras hago cinta, o abdominales (ya voy por tres series de veinte, me siento bien conmigo misma), o máquinas (tengo un programa puesto por un técnico del gimnasio), veo al resto, más de tipo atlético que pícnico; de pequeña lo que me daba por saco de hacer ejercicio era que me sentía muy observada como una patosa e inútil, y afortunadamente, con el tiempo, he visto que no era todo tan terrible, afortunadamente -por una vez- cada uno va a lo suyo. Tanto es así, que los hay que se apalancan en una máquina y no los sacas ni con agua caliente; parece que hay un código no escrito de los gimnasios en los que dos se alternan en la máquina y así no pierden el tiempo esperando, pero no todo el mundo lo respeta.

Sin ir más lejos, el viernes estaba haciendo mi tablita 2, y en la máquina de femoral hay apalancada una señora que antes se había tirado su buen rato en la de abdominales (¡hay una máquina de abdominales! Yo que siempre las había hecho en el duro suelo); me acerqué para ver si podíamos alternarnos, y respondió tajante que no, que se destorota;  en condiciones normales me hubiera partido la caja por su elección léxica, pero me cabreó que fuera tan cerril, que insistí:

- Pero, ¿cuántas tiene que hacer?

- Las que sean.

- O sea, que la máquina es suya -no me iba a quedar sin decirle que era una egoísta-. Mire, haga lo que quiera.

Seguí con mi tabla y luego volví a la máquina de  femoral, ya vacía, pensando que a mí me encanta discutir por chorradas, muy cierto es, y que a todos nos parece que hay algo peor que la propia intransigencia: la intransigencia ajena…

La estrella de Georgie / La nueva DSi

Dos posts en uno, como cuando estaba en blogger:

1. La estrella de Georgie

estrellageorgie Paul McCartney chupando cámara en la estrella de George Harrison en Hollywood.
Tiene los huevos cuadrados, dado lo mal que se llevaban en vida de George.

Parece ser que en Jolibú a alguno se le ha encendido la bombilla y ha decidido que, igual que John Lennon tiene una estrella en el paseo de la fama, George Harrison no iba a ser menos. En la ceremonia estuvieron la viuda de George, su hijo y Paul McCartney, lo que nunca dejará de chocarme, porque George decía al final de su vida que lo suyo con McCartney era una deuda kármica. Una forma muy fina de decir que no se llevaban del todo bien…

Vamos, que si alguna vez voy a LA, ya tengo algo que visitar además del pato Donald, (ánade que, como Lucas,  no me zamparía debidamente pasado por la plancha).

Cuestión de tiempo que pongan un cenotafio en Westminster (junto a los otros dos únicos músicos ingleses conocidos, Purcell y Elgar, jeje), lo cual les daría en todo el bebes a Lennon y Harrison, con lo mucho que odiaban el trasiego de flipados tipo Graceland…

2. La nintendo DSi

El hijo del Barbas me dijo que más o menos a los dos años (o dos años y pico), los de Nintendo sacaban una mejora a sus miniconsolas: con la DS hicieron lo propio y sacaron la DS lite, una maravilla total a la que estoy enganchada, aunque sobre todo use el juego de Sudokus (ya sé que suena bobotonto); ahora han sacado la DSi, que no me mola por definición: tiene cámara incorporada (pa qué, me pregunto yo) y el cartucho de abajo no se puede extraer, por lo que nada de jugar a Guitar hero ni a juegos de consolas anteriores: mal empezamos. De momento sólo se pueden comprar juegos a través de la web especial al efecto (y esos juegos no son compatibles con la DS normal ni lite, mal seguimos); espero que tarden mucho y que vean que todavía hay negocio en las dos consolas viejas, pero a saber cuánto tardarán en dejar de sacar juegos para las consolas ya viejas. Que a mi DS todavía le queda mucha guerra…

Tras dos meses de silencio / Feisbuk, el gran comecocos

Llevaba días pensando que tenía que volver al blog, pues lo tengo muy descuidado: lo dicho, dos meses. Suena irresponsable, pero la culpa es del feisbuk, esa herramienta en la que te mandas mensajitos con tus amigos y conocidos, publicas tu vida en prosa o verso y haces tests chorrobobos. En suma, donde pierdes el tiempo.

Al principio entré por curiosidad, y me vicié rápido, vi todos los que había y se conocían e intercambiaba mensajes con todos los compañeros del curro que acababa de perder. Pasado un tiempo, te das cuenta de que tiene ventajas sobre el blog (te aseguras de que mucha gente lea lo que piensas, pones, etc), y una desventaja esencial: es muy superficial. Lo dicho, muchos tests, que en buena lid no dan para conocer a nadie realmente, por lo que si no lo conoces ya, no pasa de ser un pasatiempo; y tampoco da margen a que tú te explayes, como pasa en el blog. Todo pasando por encima. Eso, unido a que no sabes quién puede estar viendo tu feisbuk (lo mismo pasa con el blog, la verdad). Pero ahora las redes sociales están de moda y los blogs no, por lo que alguna de la gente a la que antes leía en su blog, ahora me lo encuentro en el caralibro de marras…

Estoy pensando borrarme del facebook lo más completamente posible, que parece ser que no es del todo: si quiero un comecocos, tengo muchos y variados, no me hace falta uno más; o, al menos, reducir mis contactos con dicha herramienta a lo indispensable. Porque en mi día a día nunca me gustaron las relaciones superfluas que encuentras en el feisbuk, y porque, en realidad, a muchos (no a todos, desde luego), los dejé de tratar en su día para no estarme mandándoles hoy mafalditas, pastelitos ni leches en vinagre, la verdad. Y volver al blog, que es de lo que más me gusta que he encontrado nunca en internet.

Amén.