Parece mentira, con lo mucho que escribía hace unos meses, y ahora hay que pincharme para que me ponga manos a la tecla.
Este mes ha dado para mucho, sobre todo en mi plataforma, donde la gente teoriza a diario nuevas maneras y plazos de despido. Al final sólo hay dos ideas claras:
1. Nos echarán.
2. No sabemos cuándo.
Hasta que ese momento ocurra, he decidido disfrutar el momento y la compañía, y cuando se acabe, ya veremos. Buena gana de agobiarse por algo para lo que tendré tiempo de sobra.
También he hecho exámenes con mayor o menor gloria. Como he aprobado teoría de la literatura, ya no me echan de la universidad; a cambio, la fonética, vaya sorpresa (ninguna, en realidad) sigue siendo parte de mi día a día. En lingüística todavía no tengo noticias, anything goes. Para el caso, este año sólo me matriculo de la fonética -entre otras: latín, literatura castellana medieval e introducción a la historia del castellano; el que crea que me puede ganar al trivial, que me rete si se atreve-, y si la lingüística no prospera, lo hacemos el curso que viene, que tampoco tengo tanta prisa -ni tanta pasta para segundas matrículas, ojú, qué precios-.
En un ámbito más general -para algunos universal- el CERN estrenó su LHC o acelerador de partículas, con el pavor generalizado a que un agujero negro se nos engullera a todos o algo así.
Ahora empieza un nuevo curso, pues, con nuevos desafíos y preguntas (¿se acabará el mundo o sólo mi campaña? ¿aprobaré todo en junio, o de nuevo tendré que ir a septiembre, demostrando que no he cambiado tanto en doce años sin estudiar?), y quién sabe si nuevas historias del más diverso pelaje, cantarcillos de gesta, catilinarias y otros asertos de Marco Tulio Cicerón… Espero no guardar tanto silencio en los próximos meses…
