Como Quevedo (o casi)

Ayer rozaba el éxtasis con el New Super Mario Bros para la Nintendo DS, cuando ocurrió un cataclismo en mis gafas (que, seguramente, se traslade a mi economía) al darse de sí la patilla derecha y desprenderse del núcleo del artilugio. Se puede ensartar y colocar en las orejas como unas gafas al uso, pero de repente se nota cómo la patilla forma un Estado Libre Asociado en mi oreja y el resto de la gafa pende de la izquierda, y voy con una especie de quevedos venidos a más. Un desastre. Y a final de mes.

Lo que más me cabrea es que mis anteriores gafas, más baratas, aunque parece que más feas, duraron sus buenos doce años, y éstas al año y medio, se cascan. ¿Es esto Obsolescencia Programada? Ufff.

Resolución: Fuimos a la óptica -yo iba bastante cabreada, las gafas me habían costado una pasta-. Primera respuesta a hacer válida la garantía; huy, es que eso es muy típico, pero sin seguro de rotura, etc etc. O sea, que no. Un poco de insistencia, y se han dado cuenta de que no hacía tanto que las tenía, y por eso me lo hacían gratis, etc, etc. Vamos, que hacen valer la garantía. Me iba a costar el 10% de mis gafas en repararlas, pero un poco de mosqueo y una explicación realista, y ha funcionado. ¿Lo peor? Que me tomen por tonta. A ver si después de 30 años de cuatro ojos ahora no sé usar mis gafas…

Sin tricornio en Nueva York

Hoy he leído una de esas noticias que, como dicen los argentinos, me copan o, por decirlo finamente, me extasían.

Dos hermanos, guardiaciviles ellos, de vacaciones en la Gran Manzana, tuvieron la ocasión de lucirse y detener a un chorizo que huía con no mucho disimulo; cuando oyeron a alguien llamar a gritos a la policía, ataron cabos y se lanzaron por el maleante al grito de Alto a la Guardia Civil. Éste se resistió por aquello de la jurisdicción, pero el arresto ciudadano puede darse allí donde un ciudadano tenga los arrestos para atreverse y acometerlo.

Os he puesto el link para que leáis el resto de la noticia. Pero como por aquí tenemos la imaginación un poco turbia, una se representa mentalmente una mezcla de El crack de Garci (es policiaca y parte transcurre en Nueva York), y Amanece que no es poco, con Sazatornil como benemérita estrella del evento con, por supuesto, uniforme de gala, haciendo la ronda por la Quinta Avenida.

La Guardia CIvil ha perdido las elecciones.
Las ha ganado la Secreta…

Anuncios cursis

Por si fuera poco el aluvión de cosas comprables -y el tiempo que tardan en pasar por nuestra retina en forma de publicidad-, de vez en cuando afloran anuncios cursis. Endesa se ocupa últimamente del almíbar publicitario con anuncios en plan buenismo crónico para tocarnos la fibra. Y lo que hace es ponerme de los nervios; saben que tenemos que consumir electricidad (o que la queremos consumir, para el caso), y para que nos casemos con unos u otros, nos venden valores. O algo parecido. Y claro, cuando mezclas comercio con valores, como si uno se mancharan con los otros y viceversa, hay que impostarlo todo, el interés pecuniario y los valores. Y así salen las cursiladas que salen, los niños primero y la carta después. Resultado: cuando ponen el anuncio, yo quito el volumen. Que el almíbar en mi vida lo dosifico yo.

Las Cosettes que Víctor Hugo no alcanzó a imaginar

A raíz de una peli que han estrenado (An American Crime, por si os preguntáis cuál) leí en la wikipedia en inglés la terrible historia de Sylvia Likens, asesinada a los 16 años en el que probablemente es el peor crimen del estado de Indiana, en los EEUU.

Como en cierta novela de Víctor Hugo, los padres de Sylvia y Jenny (que, para más inri, tenía polio), feriantes, las dejan en casa de una vecina por 20 dólares a la semana. La tal vecina, Gertrude Baniszewski, en cuanto dejan de pagarle, da una paliza a las niñas, como aperitivo. Aunque la vida de Jenny seguramente no fue envidiable, la de Sylvia se convirtió en un via crucis, con palizas (que incluyen escobazos, cigarrillos apagados, incisiones vejatorias con una aguja y violaciones con una botella de cocacola), infundios, y un final tremendo, tras una paliza y una hemorragia cerebral.

No sólo fue la Gertrude: sus hijos (tenía siete, aunque en el juicio no se condenó a todos) y algunos chicos del vecindario la ayudaron. En el caso de los Thénardier, de la novela de Víctor Hugo, era la codicia ciega la que movía sus actos; pero no dejo de acojonarme al preguntarme qué lleva a una pandilla de paletos a regodearse en el maltrato de una chica de dieciséis años razonablemente indefensa; ¿cuál es el perfil de esos verdugos? ¿El grupo? Si consideramos -desde nuestro prisma de chicos sanos- que la otra niña tenía muchas más papeletas al tener la polio -con los problemas físicos que ello causa- ¿por qué se ceban en la que en principio -y aparentemente- no es la más débil? ¿O es que, de no haberse descubierto el pastel, Jenny hubiera sido la siguiente? ¿Hay un perfil para el verdugo y un perfil para las víctimas? ¿O es que a veces el ser humano es, simplemente peor que abyecto?

Perdonad por la digresión, pero llevo dos días pensando en todo esto…

Las patadas de la ministra

Ya sabéis que una de las cosas que peor llevo son las patadas flagrantes a la gramática, y la ministra de Igualdad, en esto, está haciendo méritos por minutos.

Primero dijo lo de miembros y miembras. En mi infinita y cinéfila maldad, me recordó a aquel personaje de La Vida de Brian que, deseoso de ser una mujer, ponía la puntilla a todos los discursos del FPJ con lo de todo hombre (o mujer). Aunque parece ser que Bibiana Aído aventaja al personaje de Stan / Loretta en lo de tener matriz, resulta, a priori, igual de engorrosa a la hora de poner todo en femenino, venga o no a cuento.

Como provocó espontánea hilaridad, la moza empezó a arreglarlo diciendo que algún día la RAE reconocería el término (francamente, espero no vivir para ver ese día), como reconoce fistro. Querida, una vez más te confundes: en materia de Chiquito de la Calzada, la RAE sólo reconoce cosas como cobarde y pecador de la pradera (aunque por separado y no en sintagma).

Temo la próxima intervención (espontánea, que casi es lo peor) en materia lingüística de la moza; que no dudo de sus dotes ministeriales, pero en lides de expresión oral no le vendría mal un asesor (o asesora).

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