La nueva temporada del Liceu

Estoy, musicalmente, de subidón: el jueves pasado adelantaron la nueva temporada del Liceu, el teatro de ópera de la Ciudad Condal. Parece que alguien haya escuchado mis plegarias y han programado una de mis óperas favoritas (de las cuatro que he oído, jeje) para noviembre de este año: Las bodas de Fígaro, de Wolfgang Amadeus. Hasta el 9 de junio no podré comprar un abono (de los baratos, con cantantes B, C o H, que igual me da: con que programen las bodas me doy de santos). Para más inri, en julio echan Don Giovanni del propio Wolfi (aunque es de la temporada en curso).

El año que viene también ponen Fidelio, la única ópera de Beethoven, que acabó tan harto del género, que no escribió más o Simón Boccanegra, de Verdi, y, como plato fuerte, Turandot, bajo la dirección de Nùria Espert, eso sí, fuera de abono. De Wagner (todos los años ponen una: este año es Tannhauser), Los maestros cantores.

A ver cuándo publican en la página del Liceu la temporada y decido cuáles cojo para mi abono B, C o D. Digo, además de Wolfgang y Ludwig Van…

Parecido razonable X

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A la izquierda, el tenor mexicano Rolando Villazón, un crack apadrinado por Plácido Domingo (el que canta arias espléndidas y, a ratos, abortitos llamados himno español). A la derecha Martes y Trece, uno de los mejores dúos humorísticos de este bendito país. El de la izquierda, Millán, parece la versión envejecida de Ronaldito dentro de unos años, aunque no canta igual de bien. He aquí una muestra del arte de Rolando Villazón, que hoy 13 de enero cantó en el Liceo (y yo no lo vi, ¿eh? Mis ganas).

De la ópera Tosca, una de mis arias favoritas (en general): E lucevano le stelle, que canta Cavaradosi cuando ve que le queda poco para que le fusilen, y viene a decir algo así como muero desesperado, muero desesperado, nunca había amado tanto la vida. No es video, que su cara está estática, pero escuchad la voz…

Necrológicas con el himno de fondo

Ayer salió la letra del himno. Una letra nefasta y con más ripios que el copón, con lo que me gusta a mí cantar chunda, chunda. Sin embargo, la cobertura mediática fue tal, que parecía que lo hubiera escrito una lumbrera de las letras patrias.

El mismo día que se perpetraba ese asesinato a la poesía castellana, moría Pepín Bello, con 103 años, último testigo del 27 y llamado por algunos artista ágrafo, pues nunca escribió nada. La cobertura que le dieron en televisión duró tanto como esta línea de blog, a pesar de que compartiera la residencia de estudiantes con Lorca, Dalí y Buñuel.

Hoy, para acabar de amolarla, ha muerto Ángel González, un poeta de la generación de los 50, desconocidos para muchos pero sin duda interesantes. Afortunadamente, a González le dan un poco más de cobertura mediática.

Pero, lamentablemente, el himno capta la atención del Gran Público. Porque saldrá en los partidos de fútbol, que es lo que importa. Parece que la poesía sea un arma cargada de pasado…

Nace Wikilengua

He visto la noticia por la tele, y tal ha sido el subidón, que he entrado en la página de marras: wikilengua, una wiki (tanto por lo enciclopédico como por lo participativo del asunto) de la lengua española. De momento le he echado un ojo, es un rudimento de lo que puede llegar a convertir, con sus topónimos, reglas ortográficas, sintácticas… al alcance de un click. Para aquéllos que amamos el castellano (sin necesidad de denostar otras lenguas, ¿eh?) y lo usamos respetándolo. A mí en un rato, ya me ha corregido una fórmula que gasto en los mails del curro: a la mayor brevedad. Y lo que te rondaré, morena…

Un desajuste léxico

Hasta hoy habia un sabihondo en mi curro que iba de sobrado por la vida, pero que tenía un pequeño desajuste léxico, más o menos como el mío en este PC configurado para guiris.

Mis compañeros del curro sabrían de quién hablo, porque presume de hablar cuatro idiomas como nativo, que collons fa de teleoperador es una cuestión curiosa que no se ha dignado responderme, el pibe. Lo chungo viene cuando la lengua que más le interesa (el castellano) no la maneja como se hace aquí.

Al parecer, el superinteresante de marras baja al bar con un billete pidiendo cambio. Yo no sé si en Ecuador, de donde es su parienta, se dice romper un billete para pedir cambio, mi bienamada rae no lo contempla, así que presumimos que no. El Barbas me explicó, cuando le comenté la jugada, que en USA se usa la expresión, y ha sido intencional usar la repetición.

Le pide al camarero, ¿me rompes el billete? El hombre debió de alucinar y, como en Astérix, pensaria ils sont fous, ces telephonistes! (estan locos estos teleoperadores), pero no preguntó, sino que cogió el billete y, finamente, lo partió por la mitad.

Y es que se demuestra que no basta con saber mucho, sino con saber dónde aplicar tus conocimientos, por exiguos que sean. Y aunque pensaba dejarlo tal cual, mi pasión por la ortografía me ha hecho remozar el texto…

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