Recoder vendrá a mi calle

Supongo que recordaréis -y si no, os lo recuerdo, cap problema- que teníamos unos problemas con unos árboles que levantaban todo el pavimento, y que, a comienzos de año, y de manera puramente electoralista, el ayuntamiento de SantCu se puso a arreglar el pavimento de la calle de al lado con mis lógicos celos.

Pues bien, parece que no soy la única que objeta a los árboles (en realidad, yo sólo objeto a que levanten el suelo que piso): tengo una vecina a la que le dan alergia. Dijo que tenía enchufe en el ayuntamiento y que conseguiría que vinieran a verlo.

Pero la cosa fue más allá: se encontró a Recoder -que salió reelecto arrasando- en el tren (flipé en colores cuando lo oí: el cargo electo viajando en transporte público sin tener que inaugurar ninguno. ¿Pasa algo así en Madrid o Barcelona?) y le echó el réspice. En consecuencia, Lluís Recoder, munícipe por antonomasia de Sant Cugat del Vallès, vendrá a ésta mi calle a ver los árboles, el pavimento, y la madre que los parió.

Automáticamente pensé en un recibimiento como el de Amanece que no es poco, para poder gritarle: viva el munícipe por antonomasia, si bien se aceptan cuantos extras quieran presentarse a recibirlo, aunque no traiga jamona, como Rafael Alonso en la ya mítica película. En cuanto al pasodoble, se me ocurre invocar otra joya del cine patrio con recibimiento y pasodoble (a la que seguramente homenajea Cuerda), que aquí se llamaría Benvingut, señor Recoder.

En fin, espero que venga en viernes para poder ejercer mi prerrogativa laboral y desplegar el recibimiento que se merece…

¡Soy su mujer!

Yo, que odio que me llamen a casa para venderme motos, tengo, por imperativos laborales, que llamar a los clientes para pulsar su opinión sobre la reparación que han padecido sus electrodomésticos. La labor, amén de ser un coñazo de mucho cuidado, da para oír muchas paridas y sermones, amén de la conducta defensiva del título.

Por ejemplo, llamo al mismísimo PERICO DE LOS PALOTES, que reparó su frigo el mes pasado, y lo coge su parienta. Preguntas con tu aterciopelada voz femenina: Por favor, ¿don Perico de los Palotes? Al otro lado del hilo oyes una voz, también femenina, pero enconada por los celos: ¡¡¡Soy su mujer!!! Entonces le especificas tu esencia teleoperadora, y se relajan, y hasta te atienden, porque una pobre telefonista no les va a robar a su maridito.

Me comenta un compañero que a él le pasaba algo parecido al llamar: ¿está Maruja? Y el cónyuge: soy su marido, ¿quién eres? Por favor… Lo último que nos faltaba, liarnos con los clientes de La Marca, como si no fuera mil veces mejor lo que nos espera en casa.

Entrar por lana y salir trasquilado

Igual que para buscar trabajo hay que tener cuidado con dónde buscas, para delinquir también hay que andarse con ojito. Y si no, que se lo digan a este choricillo que, ávido de cuartos, entró a robar, armado y todo, y salió prácticamente en camilla. Y es que hay que tener poca vista: en algún sitio tenía que indicar que en aquella academia se enseñaba karate. Los karatecas desarmaron al delincuente y, contusionado, lo mandaron al hospital. Tuvo que rescatarlo una patrulla. El gremio de chorizos de Bucaramanga, Colombia, tiene que estar muerto de vergüenza. A ver, con este exponente de talento delictivo…

Por favor, no tirar

Bebo cocacola en el trabajo en una botella cerrada habilitada a tal efecto. Si no me traigo la mochila con la comida, opto por diversas vías para no andar paseando patéticamente la botella por Barcelona, pero la semana pasada la tuve que dejar aquí, con gran dolor de mi corazón y una nota que pedía que no la tiraran.

Hoy, lunes, he venido a trabajar calentita, en parte por un contracturón que tengo en la espalda, en parte por algo de mala conciencia, en parte porque mañana es fiesta y para muchos -entre ellos, el Barbas- hoy es puente, y de buena gana me hubiera quedado durmiendo.

Lo primero que he visto -aparte de que mi sitio habitual está ocupado, aunque con todo lo dicho arriba me daba igual- es que no estaba mi botella, que todavía tenía un culín del espumoso más codiciado de Atlanta, Georgia. Sí estaba, sin embargo, la nota de por favor, no tirar.

Me he calentado más. ¿Dejan la nota que decía no tirar, pero a tomar por saco lo que realmente no quería mandar al limbo de los plásticos reciclables? Suerte que las de agua no se tiran, aunque no tengan letrero, y he podido usar una para contener mi elixir diario…

¡Que nadie duerma!

La sección musical del Horno está de luto por Luciano Pavarotti. Un día tarde -para daros tiempo a haceros a la idea-, pongo esta aria soberbia de la ópera Turandot, de Puccini: probablemente, la primera pieza de ópera que me puso los pelos como escarpias (mucho antes de caer en las garras de Wolfgang Amadeus). Escuchadla, a modo de despedida de ese gran hedonista que fue Luciano Pavarotti…

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