Una senyera en Reus

Leo en un panfleto gratuito la iracunda carta de un ciudadano consternado porque unos madridistas quemaron una senyera (bandera catalana) en Reus. Yo no soy muy partidaria de quemar banderas, no porque para mí signifiquen nada en sí mismas, pero es que siempre hay alguien que pone el grito en el cielo.

Y me parece muy bien que proteste, le asiste el derecho a la libertad de expresión. Pero que salga con cosas como que en 30 años de democracia no se ha superado el asco a los catalanes (opinión que comparto, todo hay que decirlo) y que qué opinaría Castilla si aquí se dedicaran a quemar banderas españolas me chirría por varios motivos:

  1. ¿Por qué sólo Castilla? Qué pasa con Madrid (puestos a defender autonomías), Galicia, Cantabria, Asturias, La Rioja, Canarias, Andalucía, Extremadura, Aragón, Baleares, Ceuta, Melilla, Valencia y parte de los ciudadanos catalanes? Los hay que no trascendieron la unificación de reinos y la pseudofederalización en autonomías…
  2. Si una senyera (o una bandera española, ya puestos) se quema en Reus, ¿qué tiene que ver Castilla o cualquier otra parte del territorio español? Porque, hasta donde llegan mi memoria y mis conocimientos geográficos, Reus está en la provincia de Tarragona, que está en Cataluña. Pero claro, como los incendiarios eran unos madridistas, y el Real Madrid está en Madrid, o sea, en Castilla, aplicamos las sinécdoques al margen de la geografía, y que salga el sol por Antequera.
  3. ¿No será que le duele lo que a muchos (a mí sólo me escuece), que el Madrid se haya llevado la Liga porque el Barça se ha tocado el bolo, y el escozor afecta a otras zonas patrias aledañas?

Para el caso, a muchos, con esto de los símbolos patrios, más que una venda se les pone una bandera (de cualquier color, conste) en los ojos que les impide ver más allá de sus narices, empezando por el mapa de la Nación que dicen apoyar…

Condones en la biblioteca

Leo por encima del hombro de otro pasajero que el departamento de salud de la Generalitat va a poner máquinas expendedoras de condones en las bibliotecas. Cínicamente, he pensado claro, como en las bibliotecas se liga tanto, aunque, por supuesto, estoy de acuerdo con que se pongan barreras al sida y otras ETS.

Pensando en la medida sanitaria, se me ha ocurrido que quizás no sea una iniciativa del departamento de salud, sino el último plan para el fomento de la lectura y, de paso, detener la expansión de la terrible enfermedad.

¿Saldrán de esporádicos encuentros eróticos avezados lectores de grandes tochos decimonónicos? ¿Decidirán las grandes editoriales, muchas afincadas en Cataluña, patrocinar esta medida? ¿Pondrán los sectores más conservadores el grito en el cielo (fuera del recinto bibliotecario, por supuesto)? En suma, ¿servirá de algo esta medida?

Internet restaurado

La verdad, con la trágica tradición anarquista que tiene Barcelona, me da un poco de vergüenza el triunfalismo con el que llevan esta conquista social que es la restauración del internet. Que, no nos engañemos, la Empresa tiene razón y en muchos casos (el mío, sin ir más lejos), lo queremos para uso personal: ver el correo, a veces bloguear, ver la cuenta corriente (que es corrientísima, vamos) y comprar billetes de avión, a pesar de que el sindicato arguye que:

esa equivocada decisión [quitar el internet] influyó en el aumento del estrés motivado en los agentes por no poder dar buen servicio a la gente que llamaba [la cursiva es mía], este estrés aumentó el índice de absentismo y las bajas voluntarias.

Esta restauración repercute en la plataforma en varios sentidos:

  1. Volveré a esgrimir mi mejor sonrisa telefónica, dado el buen rollo que me ha producido la medida. No sé si esta consecuencia se generalizará, pero bueno.
  2. Cierto sindicato se crecerá y seguirá produciendo comunicados chorras sobre circunstancias que nos alegran la vida, pero no nos la solucionan.
  3. Se acabaron los corrillos. Y las interacciones en voz alta. Ahora los operadores vamos de internet a la llamada y viceversa.

A ver cómo sigue el ciberculebrón éste chorrobobo. Espero que se estén tranquilitos una temporada con las restricciones, aunque, francamente, podían pedir cosas serias, como que la hora de la comida sea de 25′, que en 20′ me entra complejo de pavo, y tragar sin masticar no es bueno pa’ la salud…

Catalanadas IV: la puta revella de Sant Joan

Los cuatro años que he estado aquí para la revella de Sant Joan me he acordado de la batalla de Berlín. Anoche, además, me acordé del pobre perro del vecino, que normalmente nos da las veladas, pero, por una vez, estaba justificado. Como no hay nada mejor que hacer (v.gr. dormir), las hordas de vándalos de distintas edades y tamaños se ponen a tirar petarditos, y si te molesta, ahí te jodan.

En noches así, pienso que si de verdad hay reencarnación, en una de mis vidas anteriores debí de morir en un bombardeo, por el atávico pavor que tengo no ya a petardos: también a ruidos contundentes e inesperados (bueno, anoche, los petardos no eran exactamente inesperados).

El Barbas sostiene que si tenemos hijos les enseñará a tirar petardos, pero desde ya digo (y que conste por escrito) que ningún ser alojado en mi matriz esgrimirá tal arma que pueda atacar mis nervios y, para curarme en salud, y aprovechando que aquí el 24 es festivo, todos los años los cogeré, los meteré en un avión, y nos iremos juntos a felicitar a su abuelo, que no en vano se llama Juan, evitando así la dolorosa cita de mis futuribles hijos con los petardos.

Entretanto, como el perro del vecino, pasaré todas las noches del 23 al 24 aullando, aunque con contenido acaso más injurioso para los muertos de los petardantes.

Serrat, Sabina, los toros y el español medio

El domingo reapareció José Tomás en los ruedos; según los entendidos, este chico es una figura de lo mejorcito, pero eligió, vaya por Dios, Barcelona, que se ha autodeclarado ciudad antitaurina, quizás en un intento de avivar la afición. Según las noticias, había más gente fuera que dentro (por motivos de espacio y capacidad, siempre hay más gente fuera que dentro de una plaza de toros), pero, en este caso, los de fuera protestaban. ¿La imagen del evento? Sabina y Serrat en los toros.

Como el español es lo menos aristotélico que existe y lo de en el medio está la virtud no se le aplica (dicen que es el artículo fantasma de la Constitución: en el medio nunca está la virtud, salvo que se llame Madrid, que está en el centro), los antitauromaquia han puesto el grito en el cielo y han dicho hala, pues ya no voy a verlos nunca ni a comprar ningún disco suyo.

Francamente, me parece una actitud por demás pueril, porque si empezamos a seguir el mismo criterio, nos vamos a vivir a un erial donde plantamos nuestros propios alimentos; porque seguro que el constructor que hizo tu casa tiene un vicio que te parece imperdonable, el director del metro de tu ciudad (si lo hay) o de la compañía de autobuses engaña a su mujer, y para ti la fidelidad es un valor sine qua non; la tienda donde compras tu comida explota a sus currantes y tu conciencia de clase te impide comprar ahí, aunque tengas que andar diez kilómetros para ir a un sitio más correcto y más caro y, como por supuesto no tienes coche, porque los armadores de automóviles son una horda de mangantes, y no vas a ser tú quien los mantenga, y tampoco vas a ir en taxi, con lo fachas que son los taxistas… Llueva o truene, a la otra punta del pueblo a comprar un paquete de azúcar… Y así, ad infinitum.

A ver si nosotros, españolitos, ahora que llevamos ya 21 años siendo Europa, pensamos un poco con la cabeza, escuchamos a Serrat y Sabina porque nos entretienen o nos gustan sus letras (en mi caso, ni el himno de atleti de Sabina, me gusta, pero bueno), vivimos en casas aunque el constructor pueda ser un pederasta, pero hizo mi casa, y para eso lo necesitaba, vamos en transporte público aunque su director sea un chupóptero y vamos en taxi al aeropuerto porque es la manera más racional de ir, aunque tenga un coste en neuronas el tener que ir oyendo la COPE.

Como PD, antes de leerle este artículo al Barbas, me dijo: aunque parezca raro, estoy de acuerdo en algo con ERC: el AVE tendría que ir por Aragón (la calle, por la autonomía ya pasa). Que ésa es la otra: a veces nuestros adversarios dicen cosas que pueden ser verdad, aunque nuestra hispanidad nos impida reconocerlo…

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