Guía del Michelín: Le Quattro Stagioni
Viernes, Marzo 30, 2007 a 10:40 am (Mundo gourmet)
Andábamos el Barbas y yo buscando un italiano fetén en Barcelona, no la típica cadena de restaurantes a la gringa, todos decorados igual y sin ningún distintivo propio. Hace muchos meses pasé por delante del de hoy, y me dije: aquí quiero cenar algún día (a veces, las prospecciones de la guía hechas así son más efectivas que las búsquedas especializadas). Ayer lo conseguí, pues andaba yo buscando un risotto con el arroz al dente, como a mí me gusta, y todo lo más había encontrado arroces caldosos y un poco pasados.
El problema es que me entró una especie de síndrome de Stendhal culinario, y, de ver tantos platos ricos, me atabalé y me decanté por un carpaccio clásico para el segundo; el Barbas, inmune al síndrome del citado escritor, se bajó unos raviolis con trufa y foie (si no nos queremos a nosotros, por lo menos queremos a nuestro sentido del gusto) y un lomo de ciervo con salsa de enebro.
De postre tomé tiramisú (maldita sea, no puedo resistirme al tiramisú), pero creo que de ahora en adelante sólo tomaré el del Viento del plata, porque engordar, engordan todos igual, y estoy con un cargo de conciencia que para qué.
En cuanto al precio, ya sabéis que me he aburguesado bastante. En torno a los 50€ por cabeza (no puedo decir por barba, porque entonces calificaría de precio medio, jeje). Pero para un día cada tantos, está bien. Si venís a Barna y bien estáis pudientes, bien paga la empresa, aquí están los datos:
LE QUATTRO STAGIONI
Dr Roux 37
08017 Barcelona
Tel 93.205.22.79
Se puede llegar por FGC, parada de Tres Torres.
Quizás pusimos objeción a la música: pegaba mucho más música clásica. A lo mejor antes se prodigaban con los conciertos de Vivaldi, pero debieron de acabar de las estaciones del prete rosso hasta las mismísimas, y decidieron cambiar el disco…
En fin, veremos si van cambiando el menú con las estaciones, e iremos volviendo y probando…
Delicias de la vida urbana: las fórmulas de cortesía
Jueves, Marzo 29, 2007 a 3:49 pm (Zoociedad)
Acabo de comer en la sala común. Estando yo dentro, han entrado dos personas, primero un tío y luego una tía. Al pibe le he dicho hola (no acostémonos ni quiero un hijo tuyo) y a la tía hasta luego: todavía estoy esperando una respuesta; quiero decir, una respuesta distinta al silencio. En el primer caso, el menda se ha puesto a leer en otro idioma, pero la tía leía el ADN (igual veía las fotos) en español, por lo que no puede alegar desconocimiento del idioma, sino de la elemental educación (o sordera, lo que en el gremio del telemarketing augura un destino incierto).
Y esto sólo con un hola: por ejemplo, con mis vecinos, doy saltos de alegría si me devuelven el saludo (y ya no pueden alegar que tengo imagen de quinqui, ¿eh?). Si se trata de fórmulas más elaboradas, adiós, Madrid: ni gracias, ni disculpe, ni por favor: la peña se pone el mundo por montera, y al que no le guste, que se aparte.
¿Se habrá quedado mi educación obsoleta? ¿Es la cortesía elemental un producto del pasado? ¿Nos estamos asilvestrando al vivir más masificados que lo ideal para el ser humano? ¿No nos damos cuenta de que algo tan nimio como un por favor o un gracias, que tanto trabajo nos cuesta decir, puede ablandar al prójimo y abrir más puertas que todas las intemperancias que gastamos al día?
Prioridades
Miércoles, Marzo 28, 2007 a 11:37 am (Chamba, Zoociedad)
Algunos quieren estar en misa y repicando, lo cual está muy bien, siempre que no toque los bemoles de terceros.
Ayer estaba yo toda contenta pensando que acabaría los mails en el día (mi jornada es de 12 a 8). A las 5 me vienen con que tengo que estar llamando a los clientes para ver si su reclamación ha sido terminada. ¿Y los mails? Ahí se quedan, macerando.
Llego hoy calentita ante la perspectiva de todo el trabajo que me queda (menos mal que Jorge va a ayudarme). No obstante, la primera en la frente: parte de mi trabajo consiste en poner cuántos se han hecho en menos de 4, 24, 48 y más de 48 horas. Ayer acordamos poner el corte a las 16 horas. Llegamos hoy, y me dicen que no están bien casados los números. Por los cojones. A ver si miramos los que dejamos sin hacer el lunes, porque, de otra manera, no es posible hacer más mails de los que entraron.
Para más juerga, quedan 35 de ayer sin hacer. Le pido a Sandra que me ayude, pero no, porque hay prioridades. Luego les entrará la prisa con que estén los mails y tendré que hacer 60 a saco en un día (que ya ha pasado). Cómo se nota que no está la team manager de back office…
Mulas
Martes, Marzo 27, 2007 a 11:47 am (Chamba, Ciberpunyetas)
He trabajado en otras plataformas, y nunca había visto ninguna en la que permitieran usar el Internet, hasta que llegué a ésta. Al menos, hasta la semana pasada, en la que decretaron prohibirlo y a puntito están de restringir un haz de páginas ajenas, como es lógico, al trabajo. ¿El motivo?
Hay gente que se ha instalado la mula (sí, el mismísimo emule) y se dedica a bajarse pelis y música mientras trabaja. También los hay que se bajan powerpoints y chorradas del estilo que les mandan y las guardan en las carpetas comunes, con todo lo que traigan consigo, y ahora, entre unas cosas y otras, la unidad común está infestadita de virus.
Así que, por cuatro que decidieron contravenir la normativa de la SGAE en su lugar de trabajo, nos quedamos sin quienes usábamos esto vale que por intereses personales amén de los laborales (queda rimbombante decir profesionales aquí). Se me ocurre que si todos hubiéramos hecho un uso racional de esta ventaja, no habría hecho falta tomar ciertas medidas. Ojalá supiéramos quiénes son, por aquello de darles las gracias.