Hace pocas horas que he llegado, y ya estoy aquí, blogueando, en apartados, como a mí me gusta.
La llegada, o el curioso aeropuerto de Ginebra
Cuando llegas a un sitio de vacaciones, estás abierto a las experiencias y lo que no te parece curioso te parece, simplemente, bien. Nuestro coche era de Hertz (lo que tiene cierta lógica, porque parte del viaje tenía objetivos científicos, y el hercio -tal significa Hertz- es medida de frecuencia), pero lo habíamos reservado en Hertz Francia… que está en el piso de arriba del aeropuerto. Así que lo curioso es que coges un ascensor, et voilà! República Francesa… Para volver a Suiza das una pequeña vuelta, que cuando vas de vuelta a devolver el coche antes de coger el avión, te parece de todo menos curioso.
El sistema de propinas de la Confederación Helvética
Normalmente, las guías te anuncian cuánta propina se suele dejar en los sitios, pero en la Michelín de Suiza no decía nada. ¿El 10%, como en Francia, el quince, el cinco? No hemos podido dilucidarlo en una semana, pero algo sabemos: no es el cinco por ciento.
No, porque la primera noche, un italiano, dejamos el 10%: salió el dueño del restaurante a despedirnos, y no nos besaron en la boca por si temíamos que era el beso de la muerte. El brillo en la mirada de las camareras cuando veían el propinón era tal, que lo fuimos reduciendo. El último porcentaje dejado fue un 5%: por toda Suiza hemos dejado al gremio hostelero rezando por nuestra pronta vuelta.
En internet no todo es lo que parece…
Aunque eso es sabido, a veces la realidad te lo recuerda. ¿Por qué lo digo? Bueno, uno de los hoteles, en un pueblito llamado Innerkirchen (hacia el centro, cerca de Interlaken), según la web parecía la casita del abuelo de Heidi. De lo vivo a lo pintado, que diría el otro. Se parecía en las flores de los balcones, pero nada más. Al menos, las vistas eran imponentes, y se oía el rumor del río…
La espinosa cuestión lingüística
En realidad, es tan espinosa como todos queremos que sea. Para los suizos es normal que en una parte se hable alemán y en otra francés, incluso italiano o reto-romanche. No se comen la olla con que si son más o menos suizos o si en realidad pertenecen al cantón de Berna, Valais o a los Alpes Grisones. Y, por si fuera poco, el país funciona… tuvieron un conato de guerra civil en el XIX por cuestiones religiosas (mayoría protestante, los católicos se sentían excluidos y quisieron escindirse de la confederación, pero, tras una pequeña bronca, se decidió hacer una república laica, para no herir susceptibilidades). Como veis, si se quiere, se puede, aunque se hable distinto idioma y la liturgia sea distinta… Ay, la ardiente sangre ibérica… ¿Por qué la palabra consenso cuesta tanto traducirla?
Por otro lado, y animada por mi éxito en el examen, me he defendido bastante bien en francés -¡les entendía!-. Lo del alemán es otra historia. Leído te podías hacer una idea… salvo cuando se trataba del menú de un restaurante. Ayer nos reímos como locos porque nos dieron la carta de un restaurante en alemán integro… entre que la comida no nos es familiar y la lengua menos, nos dio por partirnos. El camarero flipó, pero al final pareció divertido… Al final pedimos -más o menos-, pero no queda claro si lo que pedimos era lo que realmente pensábamos…
The hills are alive with the sound of music
Unos paisajes de quitar el hipo. Nieve en el mes de julio (montes por encima de los cuatro mil metros), glaciares, cascadas, ríos cristalinos… Esto último me tiene sumamente acomplejada. Ríos en los que la espuma no es por el detergente que contienen… Lagos de aguas turquesas rodeados de montes verdes y enormes montañas… De caer la baba. Nos hemos hartado a hacer fotos, ya las iré poniendo.
E=mc2
Parte del viaje tenía finalidad científica. Aparte de ver la casa de Einstein en Berna, donde escribió la teoría de la relatividad especial o restringida en 1905 (aunque no llegamos a ver la oficina de patentes donde ganaba el dinero para pagar el alquiler), estuvimos en el CERN, un laboratorio de física de partículas donde están construyendo un acelerador de protones para descubrir, entre otras cosas, aspectos del origen del universo. La verdad es que la explicación estuvo en inglés y a pesar de esto y del contenido, me pispé, salvo un par de momentos, pero por motivos epistemológicos, que luego me rellenaron. Así que, en el momento, me enteré de todo. Ahora no sé si sabría repetirlo. Después de ver el tubo en construcción (a 100 metros de profundidad) estuvimos en el museo científico, donde pude jugar con las distintas instalaciones: mi pequeño aprendizaje es, en efecto, de contenido electromagnético; además, ha crecido mi interés por la ciencia (no hay como entender las cosas para que te gusten).
Sobre los suizos
Yo pensaba que los suizos eran más estirados que el palo de una escoba, pero no hay nada como viajar para reducir los estereotipos. Son educados; si te ven perdido, te ceden el paso aunque tengan la prioridad.
Una tiende a pensar que tienen más preparación que el españolito medio. Ayer vi una escena que me dejó petrificada: un hombre cayó al suelo con una crisis cardio-respiratoria. Una chica lo puso en posición, le hizo masaje cardiaco (impactante), le trajeron un ventolín, pero no sé si llamaron a la ambulancia. Yo me fui -después de mirar, pero los suizos también se quedan mirando, si pueden: no creáis que el cotilleo es sólo deporte patrio- porque si tenía éxito, estupendo, y no había nada que ver; si no lo tenía, la verdad es que me daba corte estar ahí mirando, y el hombre, sin vida… Era obsceno quedarse fisgando la muerte de un desconocido. Pero según me alejaba -con cierta culpa, por haber sido incapaz de hacer otra cosa que mirar- me pregunté si los suizos estaban mejor preparados que nosotros ante una emergencia así, o si simplemente aquel hombre tuvo la inmensa potra de toparse con una médico o estudiante de medicina. Por no quedarme, nunca lo sabré.
La ley de Murphy + el corolario de Juan Sebastián Elcano
Vayas donde vayas, el tipo más hortera, patoso o impresentable que te encuentres, será de tu mismo país, región o ciudad.
Berna, foso de los osos, 27 de julio de 2006
En Berna hay un foso con osos, que son la mascota de la ciudad. Hay tres, y hoy hemos ido a verlos; yo tenía muchas ganas, pero al verlos ahí, me ha dado mucha pena. La verdad, como diría Miss Piggott, son unos animales muy guapos (aunque con unas zarpas del tamaño de mi mano: un guantazo con esa garra y esa fuerza, y adiós a la vida).
Había un grupito dándoles de comer, ¿y de dónde eran? ¡¡¡De España!!! Di que sí, dándole al oso de ese grupo alimenticio conocido por chucherías, esto es, dulces con procesamiento industrial. (Por un momento, yo pensé que le estaban echando tapones de plástico). En eso, el cerebro de la banda, dice, levantando la bolsa de plástico: si le echamos la bolsa, se la come. Me ha entrado un cabreo que todavía me dura. ¿Será subnormal, el tío? Al margen de que no se debe dar de comer a los animales de zoo o exhibiciones como ésta, no creo que ese tipo de comida -por llamarla algo- sea lo más recomendable. Suerte que los osos son animales con un organismo preparado para la carroña y los vegetales, por lo que su hígado dará buena cuenta de las chuches de la troupe, pero me ha dado mucha pena ver a un animal tan hermoso como ese oso del que se burlaba (hola, me llamao Yogui) un anormal sin la menor idea de cómo comportarse. Claro, cuando le he visto hacer el necio, me he acordado del chiste de mente superior domina mente inferior, pero vamos, que el cabreo ha dado para mucho.
Evidencias posteriores han dejado claro que venía en grupo organizado, lo que sin menoscabar a dichos grupos, se ha explicado perfectamente: ¿podría tamaño gilipollas subsistir solo lejos de su barrio?
¿El consuelo? El oso tiene un veterinario que le cuide la dolencia; el semisubnor pencará con su tontería toda su vida.
Hay dos cosas infinitas: la estupidez humana y el tamaño del universo, y no estoy seguro de lo segundo.
ALBERT EINSTEIN
La llegada a la dura realidad nacional
La verdad, se me ha hecho corto. Me ha encantado Suiza, y ya hemos pensado nuevas variantes para ir (por Zurich y conocer el este, por ejemplo). Ha sido una agradable sorpresa, y no pensaba disfrutar tanto.
Me he regalado mi tradicional perfume del duty free: Lovely prism de Givenchy, el nombre es cursilísimo, pero me encanta como huele, y me ha salido a 38€ el bote de 50 ml, que es lo que cuesta este tipo de caralladitas.
Pero ha sido llegar al Prat, y topar de frente con la realidad: huelga de celo del personal de tierra de Iberia, que tienen un contrato con mi aerolínea para vaciar equipajes. Una hora para recoger la maleta. El personal de Swiss (por lo demás, una línea muy buena) parapetada en su chiringuito para que no se lo comiera la masa. Al final, he puesto una reclamación a Swiss (para que ellos se entiendan con Iberia), dejando claro que cualquier otro aspecto del viaje había sido plenamente satisfactorio. También se lo he dicho a la chica (¿me estará convirtiendo mi trabajo en atención al cliente en alguien considerado?), y a casa de vuelta…