Por supuesto, la aventura de venir a currar se da todos los días de lunes a jueves, pero los martes tienen el añadido de la somnolencia acusada.
Primero está el aliciente de la caza en el ferrocarril. Mi amiga Miss Piggott, con su humor socarrón, dice que parece que juego a las sillas en mi afán de pillar asiento, pero es que, con el sueño que tengo, si puedo me echo una cabezadita hasta el final de línea, y de pie no es plan.
Una vez en plaza Cataluña, subo a la superficie arrastrándome por el sopor y llego al autobús -aunque alguno se me va en la jeta- y me agarro fuerte al sentarme -aquí no juego a las sillas, ya que es cabecera de línea-, porque siempre es una aventura viajar en bus urbano: se suben a los bordillos, aceleran, frenan en seco… toda la diversión del Dragon Kahn en su ciudad por poco más de un euro (o con bonobuses, paga usted menos).
Cuando llego a destino, me enfrento a los preciosos paisajes urbanos de la zona franca, zona de polígonos industriales y ajena a todo canon de belleza estipulado hasta la fecha. Camino hasta el edificio donde curro para acometer el abordaje del último modo de transporte que uso cada día: el ascensor.
Me encantan las aglomeraciones que se forman ante la puerta. La verdad, desde que me quedé encerrada en diciembre, procuro no subirme al montacargas, porque si llego tarde me descuentan los minutitos. Me pongo cerca de la puerta, le doy al botón; siempre hay alguna que cree que estás ahí en plan pasmarote, y extiende su cuerpo desde el pupitre del conserje -que está a unos diez metros- hasta el botón del ascensor, le da y se repliega sobre sí misma a la espera de que baje el ascensor. ¿Qué se cree, que yo no le he dado -aunque no ponga en marcha el gadgeto-brazo-?
En fin, ya estoy en la cuarta planta, me logo y me preparo a escuchar a cienes y cienes de clientes que no es que se sepan el modelo, es que no saben ni el código postal en que viven… Me digo: ¡ánimo, Su, que sólo son diez horas! (Más la de comida).
Tras las once horas, todo el camino inverso, y ¡tachán! Ya estoy otra vez en casa, con el Barbas…