La autoestima

Hoy, si bien con ocho días de retraso, he leído una columna de Manuel Rivas sobre la conciencia y la autoestima. Rivas tiene la gran virtud, como columnista, de hacer pensar (supongo que habrá quien lo considere defecto, que de todo hay). Nos viene a decir que un exceso de autoestima es tan nefasto como la falta de la misma. No es el único en sostenerlo: de hecho, se apoya en la opinión experta de sesudos psicólogos.Y aquí es donde la filóloga frustrada que hay dentro de mí se pone a sentar cátedra. Normalmente, la gente (me incluyo: aunque hable tanto de mí, hay veces en que sólo soy gente) usa autoestima como sinónimo de autoconcepto. Éste sí puede ser alto o bajo, según las virtudes o defectos, reales o no, que uno descubra en sí mismo. Me hablaron de una chica que se tenía en tan alto concepto que, cuando se probaba algo en una tienda y no le quedaba bien, lo atribuía sin remilgos a que estaba mal hecho, y cuando un chico le daba calabazas, pensaba de inmediato que era gay. Por otro lado, gente que se ve a sí misma incapaz (aunque no sea cierto) conocemos todos de sobra.

La autoestima sería el punto medio -más o menos- de los ejemplos antes puestos. Supone reconocer las virtudes y los defectos de uno, así como la capacidad y el derecho a cometer errores. En este mundo tan publicitario que impone la perfección por obligación, la autoestima es un milagro o un prodigio.

Zoociedad

3 comentarios

  1. Lunes, Junio 6, 2005 a 8:21 pm

    Lo mismo digo. :-)

  2. Lunes, Octubre 17, 2005 a 5:31 pm

    …el derecho de cometer errores… eso me ha gustado..–>


Escribe un comentario